miércoles, 24 de abril de 2019

Lo doliente para los sabinianos que saben leer


Al empezar el siglo XX, Euzkadi, luego escrito Euskadi, “la patria de los vascos”, era un concepto recién inventado y de uso casi nulo. 

Aunque Sabino Arana, el creador del nacionalismo vasco, lo acuñó hacia 1896, el empleo del término sólo comenzó a extenderse a partir de 1900.  Cuando Arana inventó el término, álava, Vizcaya y Guipúzcoa eran simplemente provincias españolas.

La idea de una nacionalidad vasca, el nacionalismo vasco y la aspiración a establecer en el País Vasco alguna forma de autogobierno fueron hechos sólo (conviene subrayarlo) a partir del siglo XX.
Despojada de las leyendas y fantasías pueriles que trataron de enaltecerla, muchas de ellas invenciones decimonónicas (el euskera, lengua del Paraíso; los vascos como hijos de Túbal; los vascos como los iberos, o como los cántabros enfrentados a Roma; Roncesvalles como gesta euskaldún...), la historia vasca  fue especialmente fantasiosa, según  el ingenio de los sabinianos.

Los pequeños núcleos vascos, demográficamente insignificantes y carentes de vertebración territorial, colaboraron en distinta medida con los romanos: incorporaron significativos elementos del latín a su lengua; antes o después, se cristianizaron. Presumiblemente, rechazaron el dominio de los visigodos y aun de los francos, como revelaría el episodio de Roncesvalles, cuando tribus de las montañas pirenaicas deshicieron la retaguardia del ejército de Carlomagno.
Pero no hubo ni un reino vasco medieval, ni una poesía épica vasca (canciones de gesta, romances...), forma inequívoca de literatura “nacional”, ni, como en Irlanda o Cataluña, un legado artístico-religioso significativo.
A principios del siglo VIII emergió, en el sur de Francia, Gascuña como una entidad separada que pronto basculó hacia Aquitania y Francia. A mediados del IX apareció, oscuramente, el pequeño reino de Navarra, que en el siglo XI y durante unos pocos años abarcó, además de la propia Navarra, parte de los actuales territorios vascos, sobre todo de Guipúzcoa, y en Francia, la región de San Juan de Pie de Puerto.

Navarra siguió enseguida, sin embargo, una historia propia y distinta hasta que la alta Navarra se integró en España (1512) conservando hasta 1841 su condición de reino, sus Fueros de 1238 y sus Cortes, creadas en 1300-, y la baja Navarra en Francia, en 1589.
Alava, Vizcaya y Guipúzcoa bascularon por el contrario hacia Castilla desde el siglo XII. El primer libro vasco impreso, Lingua Vasconiae Primitiae se publicó tarde, en 1545; Gero (Después), del navarro Pedro de Axular.

Pese a su escasa importancia demográfica, unos 300.000 habitantes a fines del siglo XVIII, los vascos tuvieron un papel importante en el Imperio español en América y en la administración imperial. Fueron conquistadores y colonizadores, navegantes, teólogos y juristas, eclesiásticos y evangelizadores, marinos, soldados y secretarios de Estado (como la poderosa familia Idiáquez en el siglo XVI). En 1522, Juan Sebastián Elcano completó el primer viaje alrededor del mundo.

Y en
SANTOÑA en 1937 se produjo la rendición secreta y vergonzante del nacionalismo vasco y de las fuerzas militares bajo su control al fascismo italiano, no como resultado de una derrota en el campo de batalla sino como estrategia fríamente calculada a priori para sacar el máximo provecho particularista. Tanto al PNV (Ajuriaguerra) como al Gobierno autónomo (Aguirre) sólo les interesaba “salvar” lo suyo" y preservar de las represalias a los "jefes peneuvistas". 


 photo BALLENA A LA VISTA_zpsemlzdctu.jpg

2 comentarios:

  1. Para cualquiera que tenga una mínima curiosidad histórica de los sucesos, es de cajón que las invenciones peneuvistas resultan avergonzantes por su estupidez irracional.

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  2. Historicamente los vascongados hemos sido, como solía recordar Baroja, gentes de acción y de hechos concluyentes al tiempo que seres de pocas palabras.
    Todo lo contrario que lo que son los actuales herederos de un carlismo descafeinado.

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