lunes, 27 de mayo de 2019

Awien y las serpientes

Hace dos meses, a Awien le mordió una serpiente mientras dormía. Al igual que muchas otras víctimas de estos reptiles en África subsahariana, no llegó a recibir tratamiento a tiempo.
La niña vive en una pequeña aldea en Sudán del Sur, lejos de la carretera y más aún del hospital más cercano.

En áreas rurales como esta, la primera reacción de la población es tratar las mordeduras de serpiente con remedios tradicionales. La familia de Awien probó varias cosas: cortaron una rana en dos y le aplicaron una mitad sobre la mordedura para eliminar el veneno; le dieron a beber un huevo crudo y una mezcla de semillas y hojas para hacer que vomitara y extraer así la toxina de su cuerpo.
Ninguno de estos remedios ayudó, por lo que su tío decidió llevarla sobre su espalda al hospital más cercano. Empleó toda la noche caminando hasta llegar a Agok, donde Médicos Sin Fronteras (MSF) administra el único hospital de la región.

Se estima que cada año, unas 5 millones de personas sufren mordeduras de serpiente y alrededor de 100.000 mueren por esta causa, 30.000 de ellas en África.
La mordedura de serpiente es por tanto una afección de pobres, pero las compañías farmacéuticas no crean medicamentos para ellos. Antes, MSF empleaba un antídoto llamado FAV-Afrique, un contraveneno todo en uno que se usaba para tratar el envenenamiento de 10 especies diferentes de serpientes en África subsahariana. Pero el fabricante, Sanofi, decidió dejar de producirlo y el último lote caducó en junio de 2016.


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