domingo, 7 de julio de 2019

CABALLERO de Pamplona

Tomás Caballero, navarro de familia tudelana, estudió con los jesuitas, que le dejaron de por vida una impronta de cristiano volcado en lo social. Trabajó como electricista y topógrafo y luego se enroló en el mundillo sindical y político. 

En 1977 llegó a ejercer por unos meses como alcalde accidental de Pamplona. En 1998 era concejal del partido conservador Unión del Pueblo Navarro. La mañana del 6 de mayo, nada más despertarse, recibió una llamada intempestiva de un compañero de siglas, que le advertía que UPN estaba en la diana de ETA, según documentos recién incautados a la banda terrorista. 
Caballero, de 63 años, desayunó con Pilar, su mujer, madre de sus cinco hijos, y bajó a la calle para irse a trabajar al ayuntamiento. Aunque no contaba con escolta, sí observaba pautas de seguridad: cada día elegía una ruta diferente y revisaba los bajos de su Ford Mondeo antes de arrancar. Esa mañana se encontró con una vecina que iba también al centro y se ofreció a acercarla. Subieron al coche. Unos jóvenes pistoleros se aproximaron a su ventanilla y le descerrajaron tres balas en la cabeza, de calibre 9 milímetros parabellum. 

Uno de aquellos concejales de Batasuna que no encontró una sola palabra de piedad para Caballero y su familia era un abogado llamado Joxe Abaurrea. En la anterior legislatura, Bildu, el partido sucesor de Batasuna, se hizo con el Ayuntamiento de Pamplona (sin ganar las elecciones ni de lejos). El tal Abaurrea fue promocionado a teniente de alcalde.

El día anterior, Sánchez había dado el visto bueno a que el PSOE gobierne navarra en comandita con Geroa Bai y con el apoyo de Bildu vía abstención. Huelga calificar su decisión. Hay miserias que retumban.

Luis Ventoso

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